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lunes, 18 de junio de 2018

Rafael Mendoza Lorenzo. "Papá Mendoza"

Rafael Mendoza Lorenzo. Evangelista Internacional

Fue en el otoño de 1953. Las hojas de los árboles empezaban a caer. Un refrescante céfiro anunciaba la clemencia de un tiempo mejor; se descolgaban como gélidos copos de nieve los últimos meses del año. 
Fue en Quemado de Güines, de la remota Villa Clara. En confeso desasosiego salía del cabaret un joven. Con rumbo incierto se adentró en las serpenteantes calles de la ciudad y con su mente nublada por el alcohol, sin saber a dónde ir, echó a andar. Aquel trayecto no le era familiar. Decidió moverse al azar.
Alcoholizado, destruido y acabado, qué importaba caminar. En los albores de su vida, cuando todo joven navega los derroteros de la ilusión, se quedó sin fuerzas para vivir… Tres veces lo intentó… Ahorcamientos…envenenamientos… ¡hasta en eso fracasó!
Alguien le enseñó que hay un modo lento de morir… ¡el alcohol! ¡Esa sería la fórmula! La usó una vez más. Así andaba, dando tumbos, nublado y oscurecido, cuando entre sus trémulos y disipados pensamientos, por una hendidura de su mente ebria, entró de pronto una canción… ¿Era real? Venía de cerca. Parecía una coral angelical. A fuerza de caminar había venido a dar a las puertas de una Iglesia… Doscientos veinte hermanos cantaban. Era el Templo de “Los Pinos Nuevos”. Su pastor se llamaba Mariano Morejón.
Víctor Hugo dijo que hay instintos para todos los encuentros de la vida. Él joven sintió que allí estaba Dios… Llamó a un diácono y le preguntó cómo hacer para recibir a Cristo. Oraron…Como se levanta el sol en el horizonte, así se levantó Dios…y el joven se convirtió.  Su nombre: Rafael Mendoza. Tenía diecisiete años. Seis meses después estaba predicando.
Nació el 17 de septiembre de 1936 en Quemado de Güines, Villa Clara. Fue bautizado en agua en 1955, en la misma Iglesia de “Los Pinos Nuevos”, con el pastor Emiliano Acosta, éste era de Islas Canarias.
Conoció a Margarita de la Paz Acebo y Dios les llamó al amor. Fueron unidos en solemne ceremonia en 1960, por el Rev. Secundino Bermúdez, padre del Rev. Otoniel Bermúdez, conocido pastor de los Pinos Nuevos en la Habana y durante un tiempo Secretario Ejecutivo del Consejo de Iglesias de Cuba.
Viene a la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba (Asambleas de Dios) en 1961, en Sagüa la Grande, bajo el pastorado del inolvidable Alipio Pedraza. Conoció los dieciocho años de pastorado del hermano Alipio allí y atesoró sabiamente cada enseñanza de este importante siervo de Dios
Conoció los rigores de una vida difícil. En 1962, trabajando como oxicortador, le cayó una pared de acero encima. Le dieron por muerto. Dios lo levantó ileso. Trabajó como albañil, tamalero, obrero de los ferrocarriles; con las fuerzas de Dios luchó… ¡y venció!
En 1970 comenzó a trabajar como Presidente Presbiterial de los Caballeros en Villa Clara, al tiempo que era diácono de su Iglesia en Sagüa. Frente a la extraordinaria necesidad de pastores dio un paso al frente y suplió la carestía de los tales, atendiendo las Iglesia de Cienfuegos, Santo Domingo, Sagüa, Aguada y Pinar del Río, donde laboró, entre otras, en la muy pobre zona de San Luis.
A la par comenzaba en él un mover al ministerio que enrumbaría definitivamente su vida: el evangelismo.  Pinar del Río conoció su fuerte ministración.
Al término del ministerio del hermano Alipio allí, se siguió desarrollando, esta vez bajo el ministerio del hermano Félix Pérez, que le lanza definitivamente al servicio de Dios en 1976.
Su ministración comenzó a dar sus primeros pasos por todo Oriente, en la lejana Baracoa, donde se encontraba para entonces su legendario pastor, el hermano Alipio; en Santiago de Cuba, donde se encontraba el hermano Manuel González Dotles; en Ciego de Ávila, bajo los ministerios de Jaime Rodríguez y Luis Llanes; todo Camagüey, los más diversos y humildes lugares conocieron su familiar andar, su predicación en tono sencillo y coloquial, su caminar por encima de los bancos, su tono resuelto y su extraordinaria valentía para enfrentar el mundo espiritual. Solo era en ciernes lo que con el tiempo devendría en uno de los ministerios de liberación más poderosos de Cuba.
En 1980, pastorea exitosamente la Iglesia de “El Ciego”, en Jiquiabo, Villa Clara, donde construyó con indecibles esfuerzos un templo y una casa pastoral. En 1983, recién devuelta la Iglesia de Contramaestre, considerado un lugar impredecible y peligroso, el Comité Ejecutivo General le pide que pastoree allí. Fiel a la dirección de la Organización, sostiene el pastorado de Contramaestre dos años y medio. Durante ese tiempo el reclamo de Dios por su ministerio evangelístico se sentía crecer. Un día de 1985 transmitió a la Organización su sentir. Fue aprobado. Había comenzado la segunda parte de su vida.
Inició un movimiento nacional. Sus campañas en 1983, en la Iglesia Metodista de Jovellanos hicieron historia. Era pastor allí Rolando Cañizares. A esto siguieron las memorables campañas de K y 25 y Santiago de las Vegas. Ésta última se pudo realizar en un terreno aledaño al templo. Recuerda Mendoza, como un matiz de singularidad, entre los milagros que vio, el de una columna de hierro de cuyo interior comenzó a brotar en sequía un manantial que escandalizó gratamente a los allí presentes. Es acreditado ese mismo año como Ministro Nacional.
Su vida transcurrió en un incesante ir y venir y en un arduo batallar. El 2 de febrero de 1989 inicia una campaña evangélica en la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba (Asambleas de Dios) de Santiago de Cuba, bajo el pastorado de Manuel González Dotles. El templo permaneció desbordado los seis días que duró. Literalmente ocurrieron cientos de sanidades en un clima de fe y amor de Dios.
Pocos días después, sin tiempo apenas para recuperarse, tiene lugar, bajo su ministerio una de las más impresionantes campañas evangélicas de toda la historia: Maffo, 1989. Comenzó el 8 de febrero. Era pastor allí Abel Sánchez. No es posible calcular el número de miles de personas que se dieron cita. Baste saber que la carretera que desciende del Tercer Frente hubo que cerrarla al tránsito por la afluencia de público, teniéndose que buscar una alternativa por la terminal de ómnibus. Cuenta la hermana Marta Rodríguez, miembro de la Iglesia y vecina de allí, que era de tal dimensión la multitud que ella, viviendo a solo seis cuadras, tardaba en llegar al templo… ¡una hora y media!
Cientos de conversiones, decenas de enfermos sanándose, paralíticos levantándose, ciegos recibiendo la vista, el pueblo gritando frenéticamente: “¡pidan el estadio!”, la situación se hizo incontrolable. El día 13, ante la resuelta tendencia a crecer el número de miles de personas, que empezaban a llegar de otros pueblos, las autoridades pidieron a Mendoza que abandonara el lugar.
Tal vez Maffo preparó el camino a Florida, 1990. Era pastor allí Daniel de Quesada. No era difícil prever lo que iba a ocurrir. En el segundo día de la campaña, uno de los paralíticos más famosos del pueblo, un combatiente herido en las guerras de Angola, se levantó de la silla de ruedas. No quedó otra opción: hubo que cerrar las calles. Se calculan veintidós mil personas desfilando por allí en los días de la campaña. Noches con cinco mil almas ávidas y sedientas de ministración. El gobierno local, entendiendo la importancia que para el pueblo tenía esta campaña, permitió que se hiciera en un espacio abierto. Es posible que haya sido en el contexto de los últimos cuarenta años la primera vez que se permitía una campaña al aire libre. Se concedió un permiso adicional para predicar toda la semana en el hospital, para bendición de los enfermos que no podían venir.
Mendoza recuerda con imborrable impresión el rostro de un niño paralítico de nacimiento, con siete años, nunca olvidará la noche que se levantó. Esa noche tres paralíticos, uno detrás del otro, rompieron el orden del lugar, ocurrieron cientos de empastes, tumores desaparecieron, hernias se redujeron hasta no encontrarse más, dolores se aliviaron y cientos de vidas cautivas fueron liberadas. Un anciano de 90 años, ciego, con todas las fuerzas de su alma enardecida, gritaba: “¡¡Veo!! ¡¡Veo!!”
Aquella campaña duró once días. Florida tembló visitada por el poder de Dios.
No existe una denominación en Cuba donde Mendoza no haya ministrado. Hasta la Iglesia Católica le ha recibido en dos oportunidades en la Iglesia del Cristo de Limpias del Buen Viaje. La práctica totalidad de las Iglesias cabeceras de nuestra Organización han sido bendecidas por su ministración.
Rafael Mendoza es un auténtico evangelista de liberación. En una oportunidad le escuché decir: “Es muy hermoso ver en esta vida a un alma que se convierte; debe de ser lo más hermoso, pero yo pienso que después de un alma que se convierte no hay nada más hermoso en este mundo que un alma cautiva cuando es libertada”.
Dos veces enfrentó el cáncer en su cuerpo, ocho veces ha estado a punto de morir. Valiente como pocos, ha resistido la adversidad ejemplarmente. A las alturas de su carrera tiene mucho que decirnos sobre la hombradía cristiana y la entereza en el Señor.
Comparte con su esposa Margarita la bendición de tres hijas y tres nietos. Su hija, Ana, junto a su esposo, asume el pastorado de la Iglesia de Cristo en Matanzas. Se graduó en el mismo curso de seminario que Alejandro Nieto, pastor-presidente de la Liga Evangélica de Cuba.
De nuevo en pie, casi convaleciente aún, ministró poderosamente en el Templo “Palabras de Vida” de Santa Amalia, en septiembre de 2007 y en “Príncipe de Paz” dos semanas después. Ya se lanza a nuevos horizontes. Ha ministrado Mendoza en los Estados Unidos en innumerables ocasiones durante las diecinueve veces que ha estado allí. Actualmente vive en Miami. A sus setenta y un años es una autoridad para dar un consejo a la nueva generación, a quien dice: “No se dejen arrastrar por las corrientes populares, culturales o sociales. La Biblia dice que Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.  Si Él no cambia su pueblo no debe cambiar. Sin santidad nadie verá al Señor”.
No es posible condensar en espacio alguno las hazañas que, para el Señor, ha protagonizado “papá Mendoza”, uno de los pocos hombres de Dios, que sin buscar hacerlo, ha tejido una leyenda en vida. Cuba le debe un río de milagros y la sonrisa del niño que caminó, perlando la corona que le espera en la eternidad. 

3 comentarios:

  1. Pastor Ríos: nos hemos gozado con las historias de vida del pastor Pancho Quintero y del evangelista Rafael Mendoza. Se las leí en voz alta a mi mamá que ha perdido la vista, pero no su fe ni su entrega al Señor, y a uno de mis hermanos. Estamos en este momento comentando con gozo estos testimonios, y recordando nuestro tiempo en Cuba, cuando recién se iniciaba ese gran avivamiento. Algo curioso: no sabía que el hermano Mendoza corría sobre los bancos de los templos. Vi hacer esto innumerables veces al evangelista Cruz Vasconcelos, de Camagüey, que realizaba campañas con el hermano José Trenhs. Todos estos, tremendos hombres de Dios. Gracias por publicar fragmentos de su libro. Espero, alguna vez, tener un ejemplar en mis manos. Gracias por esta obra tan necesaria para las Asambleas de Dios, de Cuba.

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    1. Pastora Alba Llanes: me conmueve el interés que le ha despertado la justicia histórica que se les hace a estos invaluables siervos a través de los humildes artículos que hemos compartido. No se acerca el contenido de ellos, ni en sombras, a la importancia del legado que nos dejaron. Tenga Dios misericordia para que en otro momento se pueda hacer un trabajo mejor. Mi esposa y yo le recordamos como a una extraordinaria maestra bíblica, que dejó una memoria muy grata en nuestros corazones. Admiramos su entrega a la obra misionera del evangelio en Latinoamérica. Quiera Dios podamos hacerle un día testimonio personal de nuestro aprecio. Hasta ese día. En el Señor, Octavio y Elízabeth Ríos.

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  2. La unción del Señor se manifestaba mas cuando Rafael Mendoza corría por los bancos, lo recuerdo era el único. Hombre de Dios muy sencillo

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