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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Ámala, créela, vívela


“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal.119:105).

La civilización occidental está fundada sobre la Biblia (1). Cosas tan cotidianas como las escuelas públicas y los hospitales son ‘inventos’ cristianos nacidos del mensaje de amor y compasión que trajo el evangelio a la humanidad (2). La Biblia elevó a los salvajes de las Islas Británicas al orden y la decencia, casi terminó con la antropofagia en África y las Islas del Pacífico, dignificó a la mujer, y promovió las medidas universales de protección a la infancia y la ancianidad. El bíblico nacimiento de Cristo determina nuestra era. La Biblia ha influido y casi dirigido el avance de todas las artes; sea la literatura en Shakespeare, Milton, Kipling, Carlyle, Tolstoi, Dostoievski y Víctor Hugo; sea 1a pintura en Rembrandt, Rafael y Miguel Ángel; la música en Mendelssohn, Beethoven, Haendel, Haydn o la de Juan Sebastián Bach, que fue un ardiente luterano, y dedicó todo su genio a la música sacra, previendo toda la idea musical importante que ha surgido desde su época, sea en un sentido o en otro, la Biblia ha penetrado y dirigido la marcha de toda la civilización contemporánea. El llamado Derecho consuetudinario inglés, la Declaración de Derechos, la Carta Magna y la propia Constitución de los Estados Unidos tienen su fundamento en la Biblia (3).
Si este libro dirige la marcha del mundo, ¿cómo es que hay personas que la declaran sin valor como referente ético para todo asunto de la vida. Algunos, por otro lado, en las ardientes discusiones éticas contemporáneas, pretenden cercenarla, para tomar solo de ella la parte que les conviene, en lo referido al amor universal de Dios, obviando la clara advertencia que, en relación con el juicio derramado sobre todo lo pecaminoso, el libro santo nos da.
Guíe la Palabra de Dios tu vida toda. Sea tu despertar y tu acostar, tu entrada y tu salida, el constante referente en tus decisiones, con el que normes los valores y peses cada gramo de tu conducta.
No te dejes confundir por estos tiempos de tanto revisionismo moral. Toma la Palabra de Dios, eterna, inmutable, viva; ahí está la ciencia y el consejo de Dios para toda la humanidad.
Ámala, créela, vívela.

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(1) Harold Willmington, Auxiliar Bíblico Portavoz. Grand Rapid, Michigan:  Editorial Portavoz 1995, p 819.
(2) EarleA. Rowell. El libro invicto, sl., sf., n/p.
(3) Willmington, Ibid.

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