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miércoles, 20 de febrero de 2019

Mario Menelao Barbán Ortiz (1937-2019). Integridad y servicio

Rev, Mario M. Barbán Ortiz.


Abrió los ojos a la luz de esta vida el 22 de julio de 1937. Su acercamiento al evangelio, con solo 14 años, tuvo lugar en el contexto de una verdadera conmoción familiar. Entre el jueves 4 y el domingo 28 de enero de 1951 el evangelista norteamericano Tommy Lee Osborn (1923-2013), con veintisiete años, se lanzó a una gran cruzada evangélica en la Ciudad de Camagüey, Cuba (1). Ésta tuvo como sede al estadio Guarina, situado en la Carretera Central, muy próximo a la ciudad, y todavía dentro del radio de vialidad urbana (2). Persona alguna habría podido prever el despertar que aquella campaña desencadenaría. Las publicaciones de la época la consideraron el mayor avivamiento en la historia de los esfuerzos protestantes de la isla. Más de cincuenta mil almas hicieron profesión de fe durante aquellos veinticuatro días de efervescente actividad, en lo que era la ciudad más católica de Cuba: Camagüey (3). Dentro de aquel desbordado grupo que conoció al Señor se encontraban: Leovigildo Cuellar Valladares (1914-2008), uno de los más destacados evangelistas pentecostales de todos los tiempos; Rolando Rivero Reyes (1925-2018), incomparable pastor, fundador de obras; Víctor García Martínez (1926-1994) que, como pastor, casi conoció el martirio, llegaría a ser presidente nacional de evangelismo; Manuel Cruz Vasconcelos, notable evangelista nacional; Manuel González González, pastor y presbítero y finalmente Mario Barbán Ortiz, evangelista en 1957, vicesecretario del distrito central y pastor por más sesenta años (4). Éste último nos dejó la más conmovedora remembranza de aquellos días, cuando dijo: “Me convertí oyendo la campaña de T. L. Osborn por radio (…); tenía por tanto catorce años. Mi madre estaba paralítica y loca, y oyendo la predicación de T. L. Osborn y su llamamiento, ella se levantó de la silla y regresó a la cordura” (4) (5) (6).
Muy pronto dio fruto el joven Barbán. A fines de 1957 comenzó a pastorear en Jesús Menéndez, Chaparra, luego continuó en Las Tunas, teniendo como presbítero al inolvidable misionero norteamericano Einar Peterson. Posteriormente conocería su cayado pastoral la Iglesia de Velazco, en Holguín; más tarde, entre 1961 y 1962, se le vería en los lejanos Fray Benito y Dos Ríos, ambas en Holguín; fue en aquella lejana locación el primer pastor al que le cerraron un templo en la aciaga década de 1960. El 9 de junio de 1961 se unió en matrimonio a Isabel González Blanco, hija mayor del pastor Manuel González Dotles; sería su compañera en la vida y el ministerio, que continuaría teniendo resultados efectivos en la primada Baracoa (1966-1971), donde la Revda. Elízabeth de la Cruz de Ríos, siendo una niña, les recuerda: “Me llamaba la atención que siempre estaban juntos; así los veía en todas partes. ¡Jamás se separaban!” Tras su pastorado en el extremo oriental de Cuba alguien tuvo la idea de acercarle a occidente, promocionalmente, y le ubicaron en la capital; pastorearía en la refinada urbe de El Vedado en carácter de interino, y contaría al autor: “Me trajeron como un estímulo, pero sentí que mi llamado no estaba allí; regrese a Oriente”. Conocerán para entonces su sacrificado amor los hermanos de Guayos, en Las Tunas. Regresó entonces a la provincia de Holguín, donde tuvo logros muy significativos. Acerca de ello contó: “Me enviaron a Fray Benito cuando allí no quedaba nada, pero en el sufrimiento está el éxito: ¡logré la devolución del Templo en 1982”! (6) (8) (9)
Tendría luego un pastorado estable por doce años en la Iglesia Emmanuel, Templo central de Nuevitas, Camagüey. Trabajaría para entonces en la vida y promoción del pastor que le acompañó en sus últimos días, el fiel David Nicolás Zamora Montero, que fue allí su pastor asistente entre 1991-1993 (7). En ese año por su experiencia y alta confiabilidad la dirección de la organización quiere imponer al pastor Barbán en la difícil Ciego de Ávila, pero él no aceptó el camino que le proponían, y dando un ejemplo de integridad, pidió elecciones. Éstas fueron hechas, y resultó electo (6).
Finalmente tuvo un prolongado ministerio pastoral de diecisiete años en Majagua, Ciego de Ávila. El 31 de octubre de 2012, a la 1:00 PM, le llamé por teléfono. Me contó: “Recibí la Iglesia de Majagua con un solo miembro. Esto está a 25 kilómetros de Ciego de Ávila. Le estoy hablando todo embarrado de cemento; acabamos de terminar el Templo de Majagua, techos, paredes, congregación, todo” (6) (9). Tenía 75 años cumplidos. Estaba muy emocionado. En reconocimiento al esfuerzo realizado allí el Comité Ejecutivo del Distrito Centro-Este, por iniciativa de su Superintendente, Rev. Alfredo Linares Martín, me pidió hacer ese año la edición e impresión del diploma de reconocimiento que se le entregaría al pastor Barbán, en sentida ceremonia. Con todo amor trabajamos dos días para lograrlo. Fue honroso hacerlo. 
Quiso el Señor llamarlo a su presencia, el 20 de febrero del 2019, con 81 años de edad y una vasta hoja de servicios. Pasó sus últimos dos años, en Estados Unidos, junto a su esposa, abrazado por el amor familiar. En los cuatro meses finales, previos a su partida, disfrutó la comunión del evangelio bajo el cayado pastoral del Rev. David N. Zamora, en la Iglesia Misionera de Tampa.
Recordaré siempre la última vez que hablamos. Fue en aquel 31 de octubre de 2012. Le llamé por teléfono desde La Habana; quería felicitarle y a un tiempo ver si me contaba algo interesante de la Obra en Camagüey para mis nacientes archivos de historia. Conservo en el corazón las últimas palabras que me dijo: “…Hemos terminado la carrera con gozo; así nos sentimos” (6).
No importa la edad a la que partamos, ojalá y al postrer suspiro todos podamos decir lo mismo.
Hasta la vista, pastor. Gracias por dejarnos su ejemplo. Lo recordaremos siempre. Un abrazo hasta el día en que nos volvamos a ver.

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(1) Rolando Rivero, entrevistado por Octavio Ríos, Templo “Palabras de Vida” en Santa Amalia, el 16 de marzo de 2009, 10:00 A.M – 2:00 P.M.
(2) S.a. “Los milagros de fe”, Revista Opinión, Camagüey, 1951, p. 10.
(3) T. L. Osborn, “Camagüey. Cuba”, Revival, Tulsa: The Voice of Faith Ministry, 1951, p. 12.
(4) Rolando Rivero, Ibíd.
(5) Octavio Ríos, Historia de las Asambleas de Dios en Cuba, Tomo I, p. 348. Editorial Calitad, La Habana, Cuba.
(6) Mario Barbán, entrevistado por Octavio Ríos, vía telefónica, 31 de octubre de 2012, 2:00 PM.
(7) Octavio Ríos, Historia, Ibíd, p. 364
(8) Octavio Ríos, Alas en el corazón, p. 318. Editorial Calitad, La Habana, Cuba.
(9) Octavio Ríos, Memorias del pastor Benjamín de Quesada, p. 160. Editorial Calitad, La Habana, Cuba.

lunes, 4 de febrero de 2019

Soy la vida


La presente publicación recoge veintiún poemas del autor, nacidos en los trasiegos y avatares del ministerio. No fluyeron en momentos de ocio. Vieron la luz en el fragor de fuertes combates librados en Cuba mientras se pugnaba por la expansión del evangelio. Hoy son cicatrices, para entonces fueron profundas heridas de guerra. No busque en ellos joyas de lírica parnasiana. Es la oda nacida de un vaso quebrado, mil veces rehecho en las manos de Aquél que nunca apaga el pábilo que humea. 
La noche del domingo 27 de enero de 2019 vino sobre La Habana, Cuba, uno de los tornados más violentos que se haya registrado en la isla en toda su historia. Levantó en peso, y proyectó lejos varias decenas de automóviles pesados; desarraigó los árboles, derribó los postes eléctricos, dejó centenares de casas sin techos.  Inclemente, destruyó a su paso tres municipios. Uno de sus epicentros estuvo a quinientos metros de la casa de mi familia. Todas las manzanas colindantes fueron arrasadas. Al día siguiente, nuestra hija más pequeña, Viria Ríos de la Cruz, nos llamó. Habían tenido, la tarde antes del siniestro, un ardiente culto de oración y ayuno, con el tío Nelsio. Muy conmovida, nos dijo: “Ni siquiera mis maticas se movieron. Todo está intacto. ¡Dios nos guardó!” Con la poca carga eléctrica que le quedaba en el móvil nos envió la imagen que aparece en la portada de este libro.
A la gran gloria del Dios que les guardó en la hora de la prueba se dedica esta publicación. Quiera el Señor Jesucristo, nuestro amado Salvador, recibirla.       

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