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miércoles, 19 de junio de 2019

Acerca de los métodos de enseñanza del Señor Jesús

Perdura el Señor Jesús como el más grande maestro de la historia. Los métodos que usó parecen al estudioso del tema tener raíces en las prácticas de algunos rabinos que le precedieron; Hillel, por ejemplo, llegó a ser célebre por su sabiduría y habilidad para retener la atención del pueblo, pero Jesús fue incomparablemente más efectivo. El pueblo se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba “…como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mt 7:29). Resaltan entre los métodos que usó:

Parábolas. Es el método de enseñanza mejor conocido del Señor. Las referidas a los odres nuevos y viejos (Mt 9:17), la semilla que cayó en diferentes clases de terreno (Mt 13), la sal (Mt. 5:13), el fruto de los árboles buenos y malos (Mt 7:16-20), las vírgenes prudentes y las insensatas (Mt 25:1-13) y el mayordomo infiel (Lucas 16:1-8), son magníficos ejemplos de este tipo de enseñanza. Cada situación está tomada de la vida diaria bien conocida por los oyentes de Jesús. Cada narración es sencilla y tiene un mínimo de detalles. La intención de la parábola quedaba a la vista y algunas veces se sabía la aplicación de ella por medio de una sentencia final, como en el caso de la parábola de las diez vírgenes: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mt 25:13).

Proverbios. Son sentencias directas y penetrantes. A esta categoría pertenecen las bienaventuranzas (Mt 5:3-12), o la proposición que representan las palabras: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mt 10:39).

Preguntas y respuestas. Las preguntas de Jesús eran sorprendentes y sacudidoras: “¿Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?” (Mt 9:5). “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mt 16:26). Las preguntas de Jesús colocaban siempre a sus oyentes ante una alternativa, especialmente aquellas en las que se refería a sí mismo: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?”; “...y vosotros ¿quién decís que soy?” (Mr 8:27c, 29a).

Libre discusión. En ella se ve a los discípulos cuestionando asuntos y argumentando; Él dirigía resolutivamente la discusión (Jn 13).

Lecciones objetivas. En una oportunidad tomó a un niño para ilustrar la humildad (Mt 18:1-6), y de la conducta de la viuda que contribuyó para el tesoro con todo su sustento, dedujo una lección aplicable a las ofrendas (Lc 21:1-4).

Todo el que enseñe hará bien en atender a las proyecciones pedagógicas del más grande maestro que haya existido nunca. Su influencia y enseñanza han levantado más discípulos en las arenas del tiempo que Sócrates, Platón y Aristóteles, juntos los tres.

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Inspirado en: Merrill C. Tenney. Nuestro Nuevo Testamento: Estudio panorámico del Nuevo Testamento. Edición revisada y aumentada. Grand Rapid. Michigan. Editorial Portavoz, 1989, pp. 262-265.

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