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sábado, 31 de agosto de 2019

Aquel inolvidable ministerio. Tomo I


Era el mediodía de una jornada que parecía común, en aquel lejano 2005. Los escasos arbustos vecinos,  deshojados al paso del discreto otoño habanero, se insinuaban por las ventanas. Oraba en la plataforma del Templo; llevaba al trono de justicia y gracia una andanada de calumnias e infamaciones cuando, de pronto, fui sorprendido por una suave voz interior que me dijo: “Publica tus triunfos...”. Todo lo que ha ocurrido después, cada boletín que aquí aparece, la puesta a la luz de más de veinte libros, el lanzamiento del magnum opus de historia de la Organización, todo vino a ser a partir de aquel minuto.
El presente material recogido bajo el título de Aquel inolvidable ministerio es el resumen de nuestros dieciocho años de ministerio pastoral en el Templo “Palabras de Vida” de las Asambleas de Dios de Cuba en Santa Amalia, municipio Arroyo Naranjo, La Habana, Cuba. Éste tuvo lugar entre el 20 de diciembre de 1998 y el 23 de abril de 2017. Recoge, en tres volúmenes, las sucesiones pastorales, los boletines publicados y un pequeño soporte fotográfico acerca de la Celebración Evangélica cubana de 1999, que presidimos mi esposa y yo desde esta sede, y en que esta congregación tuvo un importante papel.
Nuestros triunfos allí fueron los triunfos de Dios porque todo lo que hicimos fue a través de Él, con el respaldo y la capacitación que nos dio su gracia, de modo que toda la gloria le pertenece. El enemigo de las almas pugna para que solo se hable de lo que él hace. Opóngase, y dígale al mundo lo que hizo Dios. Jesús ordenó al gadareno: “Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo” (Lu. 8: 39a). No dejes que sea otro el que lo haga por ti, torciendo el relato de tu historia al no haberla vivido; levántate y dí a todos cuán grande fue la aventura que viviste en el maravilloso andar con Aquel que te llamó de las tinieblas a su luz admirable, y te dio un ministerio para que vivas proclamando las buenas nuevas de salvación al mundo perdido.
A Él sea la gloria.

Disponible en Amazon en: 
https://www.amazon.com/gp/product/1794188797/ref=dbs_a_def_rwt_bibl_vppi_i11

Detalles del producto
Paperback: 68 páginas
Editor: Independently published (24 de julio de 2019)
Idioma: español
ISBN-10: 1794188797
ISBN-13: 978-1794188792
Dimensiones del producto: 21.6 x 0.4 x 27.9 cm
Peso del envío: 8.2 onzas

martes, 27 de agosto de 2019

Fuentes que permiten reconstruir el texto del Nuevo Testamento

Las cinco fuentes son:

a.    Manuscritos del Nuevo Testamento. Es la fuente más importante, y tiene que ver con los textos griegos que se preservaron desde la antigüedad. Los unciales (escritos con mayúscula) son más confiables que los demás (cursivos). Los manuscritos más antiguos y completos son Aleph, o Códice Sinaítico, fondo bibliográfico del Museo Británico, y B, o Códice Vaticano, que pertenece a la Biblioteca del Vaticano en Roma. Ambos fueron escritos en el cuarto siglo y pueden haber sido parte de las copias que Constantino ordenó para las iglesias. 
b.     Versiones del Nuevo Testamento. La segunda fuente en importancia tiene que ver con las versiones (traducciones) que la iglesia hizo durante su expansión misionera. Al extenderse el evangelio con rumbo a occidente hacia regiones del imperio romano que hablaban latín, y hacia el oriente en proyección hacia las colonias aramaicas del Medio Oriente, las Escrituras fueron traducidas al latín y al siriaco. Estas dos versiones tuvieron su origen en una fecha tan temprana como la que corresponde a la segunda mitad del siglo II, y estuvieron basadas por ende en manuscritos griegos más antiguos que cualquiera de los que existen hoy. 
c.    Citas patrísticas. Las citas que los padres de la iglesia, dirigentes y maestros de los primeros seis siglos hicieron en sus sermones y libros es tal que si se perdieran todas las copias del Nuevo Testamento que existen, su contenido se podría reconstruir en un porcentaje elevadísimo a partir de las mencionadas citas. 
d.     Leccionarios. Representan colecciones de lecturas que se usaron en la adoración litúrgica de la iglesia, donde se preservaron algunos pasajes de los evangelios y las epístolas. Son de importancia menor por estar incompletos los textos neotestamentarios, y por proceder del sigo IX o de un momento posterior. Debido a que se destinaron para la lectura pública de las escrituras, se preservó en el tiempo su uniformidad, siendo útiles para comprobar la clase de texto que la iglesia del medioevo sancionó como oficial. 
e. Ostracias. De pobre importancia en la preservación del texto bíblico neotestamentario, consistían en fragmentos de trabajos de alfarería que, ya rotos, servían a las personas pobres para hacer apuntes. Sus pequeñas dimensiones no hacían posible la transcripción del volumen correspondiente a un evangelio o epístola. En algunas se conservan citas genuinas del Nuevo Testamento.

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Merrill C. Tenney. Nuestro Nuevo Testamento: Estudio panorámico del Nuevo Testamento. Edición revisada y aumentada. Grand Rapid. Michigan. Editorial Portavoz, 1989, pp.  490-494).
                                

viernes, 23 de agosto de 2019

La Iglesia reconoció el canon del Nuevo Testamento, no lo determinó

Merryll C. Tenney aborda sacudidoramente este tema, cuando afirma que la inspiración divina es la cualidad esencial de la canonicidad, por tanto, ninguna mano humana habría podido crear un canon, porque ningún líder, grupo o concilio habría podido alentar la inspiración en aquellos escritos. Todo lo que los concilios pudieron hacer, fue expresar opinión acerca de cuáles libros eran canónicos y cuáles no, y luego dejar que la historia justificara o contradijera tal determinación. En una fecha muy temprana comenzaron a trazarse líneas de discriminación, tendientes a discernir acerca de la literatura inspirada del Nuevo Testamento, lo que dio paso en el tiempo a su configuración. Los resultados de este trabajo no fueron fruto del prejuicio o de una descuidada preferencia personal; la iglesia evolucionó históricamente hacia una creciente conciencia espiritual. Por todo eso se afirma que la iglesia no determinó el canon, sino que lo reconoció (1).
El testimonio externo a favor de la existencia de un canon del Nuevo Testamento es a la vez informal y formal. El testimonio informal consiste en el uso casual que hicieron de los libros del Nuevo Testamento los primeros padres de la iglesia. Las citas que hacen corroboran tanto la existencia como la autoridad de los libros, porque si un libro no existe no puede citarse, y la manera de citarle demostrará si se le cita como autoridad, o se hace de él nada más una alusión pasajera. El testimonio formal se encuentra en listas o cánones que han sido compilados, como listas autorizadas, o en los registros de concilios que trataron este importante asunto (2).
Fue brillante el profesor Tenney cuando escribió así. Tales consideraciones son realmente brillantes.
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(1) Merrill C. Tenney. Nuestro Nuevo Testamento: Estudio panorámico del Nuevo Testamento. Edición revisada y aumentada. Grand Rapid. Michigan. Editorial Portavoz, 1989, Tenney, p. 477.
(2) Ibíd.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Cien años de historia


En el próximo año, 1920, la organización de las Asambleas de Dios de Cuba estará alcanzando cien años de historia si nos remontamos a aquel primer momento en que la misionera pentecostal norteamericana May Kelty, llegara a suelo cubano, acompañada de su madre. Desde aquel diminuto comienzo que sufriría una discontinuidad de once años, entre 1920 y 1931, las Asambleas de Dios en Cuba, pasando por momentos muy difíciles, se levantó finalmente, en la gracia de Dios, como la denominación evangélica y pentecostal más grande e influyente de nuestro tiempo en la isla. Su historia es apasionante.
La presente publicación hace un resumen de los tomos I y II de Historia de las Asambleas de Dios en Cuba, condensando, de aquella magna obra, los aspectos más importantes del obrar pentecostal de las Asambleas de Dios desde la llegada de la primera misionera hasta hoy, agregándose breves datos estadísticos de la actualidad aportados por la secretaría general. Este libro, como síntesis histórica, es altamente recomendable.
Puede adquirirlo en formato físico en la dirección:

https://www.amazon.com/gp/product/1081230258/ref=dbs_a_def_rwt_bibl_vppi_i12

Detalles del libro:

  • Páginas: 200
  • Publicador: Independently published (July 17, 2019)
  • Idioma: Spanish
  • ISBN-10: 1081230258
  • ISBN-13: 978-1081230258
  • Dimensiones: 5.2 x 0.5 x 8 pulgadas
  • Peso: 10.2 onzas

sábado, 17 de agosto de 2019

Librado González González (1937-2019). Con el Señor

Librado González González (1937-2019) 

Tomado de: Octavio Ríos. Gratitud. EUA: KDP Publishing. 2019, p. 231. (https://www.amazon.com/gp/product/1080071180/ref=dbs_a_def_rwt_bibl_vppi_i0)

Si Rolando Rivero me descubrió Nahum 1:7, Librado González, en medio de mis perplejidades, temores e inseguridades, me descubrió Proverbios 29:25: “El temor del hombre pondrá lazo”. Era un anciano que había conocido ya los fuertes veranos de la vida, y yo era un joven que principiaba como maestro bíblico de una iglesia complejísima. Tenía doscientos alumnos que llenaban el sótano donde cada domingo improvisábamos un aula gigante. La oposición, en sus más diversas formas, se cernía con frecuencia contra mí. Desde su ancianidad, el experimentado consejo que de él recibí fue determinante para que no claudicara mil veces.
Él dirigía los tiempos de oración los sábados en la mañana. Tradicionalmente la asistencia era muy pobre, y se propuso convertirlo en uno de los cultos principales de la Iglesia, e invitó al Espíritu Santo a estar allí. Llegó a ser tal la manifestación del Señor que pronto se convirtió en un servicio que, por su asistencia, estaba a la par de cualquier evento evangelístico. Para muchos hermanos se convirtió, de hecho, en el principal culto de la semana.
No trate de imaginarlo como un predicador exaltado. Se manifestaba como la persona más tranquila del mundo, pero nadie podía dirigir un culto de oración como él. Recordaré siempre la libertad del Espíritu en que se movían los dones, como lo más refrescante y hermoso que haya visto nunca.
Era capaz de darle importancia al sentir del más insignificante de los presentes. Cada hermano que asistía sentía que había tenido un trato personal con el Señor. Este trato a veces era una grande y solemne advertencia. Si el hermano, llamado al orden por Dios, lo aprovechaba entonces le iba bien, si lo desestimaba era triste lo que pasaba. De ningún modo era aconsejable desechar un sentir de Librado González. Cuenta mi esposa, la Revda. Elízabeth de la Cruz de Ríos:

Terminaba ya aquel culto de oración cuando Librado, inquieto, de pronto detuvo a todo el mundo. Era la oración de despedida, pero el Espíritu Santo no lo dejaba terminar. Al orar empezó a decir en el Espíritu: “¡Cuidado con lo que vas a hacer!”. Lo repetía una y otra vez, y buscaba entre la gente para ver si definía a quién Dios le hablaba. El hermano F sabía que aquella palabra era con él, y no quiso pasar para que oraran, pese a lo insistente y apremiante del llamado que Librado hacía. Terminó el culto. Todos nos fuimos. Al día siguiente regresamos temprano a la escuela dominical. El ambiente general era de consternación. Pronto supimos que el hermano F había matado a su esposa…

No era Librado González un pastor, en el sentido más ortodoxo de la palabra, pero no he conocido una persona con una capacidad más grande para dar un consejo bíblico certero que él. Su casa-culto, en Luyanó, La Habana, era la más hermosa de todas. Al entrar se sentía a Dios. No era un predicador homilético; por más que tratara no podía preparar los mensajes; él se ponía de pie tras su rústico púlpito de madera de pino, muy gastado, abría la Biblia y donde primero caían sus ojos, allí leía, y ahí empezaba el sermón. Si, ya sé que no debo decirles eso a los predicadores jóvenes, pero era como pasaba, y así Dios le usaba. Admirablemente él discernía desde cualquier lectura lo que Dios quería decir, y era capaz de dar una reflexión tan profunda que usted se sentiría inclinado a pensar que había estado días preparándola.
Me invitó con frecuencia a su humilde casa-culto, y de los tiempos que ministré allí guardo algunas de las impresiones más gratas de mi vida.
Siempre le tuve presente en mi clase de jóvenes. Él trabajaba en la cocina, de modo que me oía, al encontrarse a escasos tres metros de mí.
Creyó en mí cuando otros no creyeron. En el Espíritu me llamó al ministerio. “¡Yo lo llamo! ¡Yo lo llamo!”, me decía en el Espíritu, y con urgencia aquella mañana, a mediados de la década del 90, en que recién se había derramado el Espíritu Santo en aquel sótano, lleno de jóvenes de pie, con los brazos en alto, llorando todos, en la presencia misma de Dios.
Salía mi esposa de un intensísimo tiempo de oración de varios días en el hogar. Nadie lo sabía. Entramos al sótano. En el Espíritu, Librado la miró, y con la expresión de alguien que lo sabe todo de uno, le dijo: “Fortaleza de oración”, y volviéndose a mí, muy serio y solemne, me dijo: “Eso dice el Señor, que ella es una fortaleza de oración”.
Nació Librado el 18 de enero de 1937, y el Señor le llamó al descanso eterno de los santos el 16 de agosto de 2019, dejando tras de sí un notable e indeleble legado. Sostuvo económicamente pastores y evangelistas. Cosió mis zapatos cuando se rompieron. Fue comida al hambriento, y refugio al desterrado. Como eje central de muchos eventos nacionales, en lo administrativo, fue el brazo derecho del pastor. Querido y consultado por todo el mundo llenó una hermosa página de servicio, en que combinó inigualablemente la finísima ministración en el Espíritu, propia de un experimentado anciano, con la más eficaz diaconía.

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